Vanguardismo y tradición

Hola! Ya hemos llegado al viernes! Además es muy especial porque la próxima semana nos espera un largo puente para disfrutar y relajarnos… Para los que aún no hayáis hecho planes os propongo que os déis una escapadita a Lisboa a conocer en persona el The Fontecruz Lisboa Hotel, yo he tenido la suerte de poder disfrutar de todas sus instalaciones esta semana en la inauguración oficial… y reconozco que una vez más, mi querida Eva Almohacid me ha vuelto a sorprender!!! Eva sigue ‘sin fatiga creativa’ y logra con este proyecto otro gran éxito en su dilatada carrera como diseñadora.

En The Fontecruz Lisboa Hotel se han cuidado al máximo todos los detalles para crear un lugar de encuentro para viajeros venidos de todas partes del mundo. Todo el hotel rinde homenaje al viajero, en los globos del mundo de las cristaleras de entrada, en los mapamundi, cuajados de relojes que nos indican el uso horario de los diferentes paralelos. Y sobre todo, en el símbolo elegido para definir la filosofía de este hotel: una muestra de postales de principios del siglo, que encontramos expuesta junto a los ascensores, y que han sido recuperadas en librerías de lance de distintas ciudades europeas y americanas.

El proyecto, como he comentado realizado por Eva Almohacid, aúna el espíritu clásico del edificio y la tradición artesanal portuguesa, y brinda una mirada revisada de elementos tradicionales infiltrados en nuestro siglo. Este equilibrio entre elementos tradicionales y vanguardismo se advierte ya en la misma fachada, que desde sus balcones nos recibe con una instalación de típicos gallos portugueses. O en el restaurante, cuya barra juega con patchwork de azulejo. O en el lobby, en el mostrador de recepción, en el que la crudeza del hormigón original se ha cubierto de encaje negro portugués.

El trabajo de Almohacid se caracteriza por la pulsión de incluir elementos característicos del entorno donde tiene lugar, lo que explica la elección de piezas locales. Así, además del recubrimiento de encaje negro, el mostrador de recepción se acompaña con una composición de llaves antiguas compradas en la feira de ladres, el famoso rastro lisboeta. Igualmente, sus lámparas también provienen de la misma ciudad, son piezas de anticuario compradas en las tiendas de la rua da São José, trasera del hotel. Como contrapunto a la artesanía y las antigüedades locales, unos modernísimos sofás de luz del equipo de Dsignio que iluminan los pilares estructurales del edificio, como si de importantes esculturas se tratara, hacen que se funda y fluya el espacio sin delimitar entre recepción y el Champagne Bar, el primero del país. Sin embargo, la columna vertebral de este espacio es una increíble pantalla de proyección de 15×4 metros, que sirve de plataforma de exposición a videoartistas internacionales y que ejerce de espacio de distribución y circulación a los clientes del hotel, tanto en planta lobby como en los pasillos de las habitaciones.

 

Las habitaciones son espaciosas. En esas grandes dimensiones, junto a guiños a la figura del viajero, como los baúles que ejercen de mesillas, presiden la estancia los cabeceros con sus imágenes clásicas en blanco y negro, cada una diferente: son las antiguas postales de las que ya nos topamos una muestra en el lobby. Estas imágenes nos muestran los puntos clave de la ciudad (Chiado, Restauradores, Belem, el Castelo de São Jorge, la misma Avenida da Liberdade…) tal como las conocieron los antiguos viajeros de hace más de un siglo, que en ocasiones anotaban sobre ellas una despedida o un consejo a los seres queridos a los que iban enviadas. A sus pies quedan las camas vestidas de blanco inmaculado, junto a mullidas butacas y muebles de época. Un conjunto como una verdadera invitación al descanso.

El restaurante: “the bar”. En este restaurante se pretende acercar la gastronomía española a Lisboa bajo un formato, el de “tapas sofisticadas”, y en un entorno distendido, sin caer en lo impersonal, y acogedor, sin renunciar en ningún momento al estilo. Para ello, se ha optado por un espacio abierto y funcional, en el que el negro es el color protagonista, las tripas de las instalaciones se dejan al aire y en el ambiente flotan lámparas de cristal veneciano. Presidido por una larga barra realizada con un pachtwork de azulejo portugués, este espacio con capacidad para 80 comensales se divide en tres áreas claramente diferenciadas. La primera, una larguísima barra con servicio de coctelería, y extensiones a ambos lados que ejercen de mesas para comidas en grupo o para compartir con nuevos amigos. Leemos las especialidades gracias a dos inmensos espejos venecianos que cierran y enmarcan el espacio. La segunda, el comedor principal, con una bancada de asiento de 12 metros, realizada en capitoné, con botones vintage, todos diferentes y comprados en una antigua fábrica de botones española. Las mesas redondas están apoyadas por el famosísimo diseño de la Tolix Chair de Xavier Pauchard (1880-1948), diseñada en 1927 e icono actual de la estética industrial. Nos dividen los espacios los fabulosos Feel-Thru de Toni Palleja, que se deslizan o se repliegan en sí mismos con un sistema de imanes completamente innovador, y nos dibujan claroscuros hasta que accedemos a la tercera zona: un núcleo de sofás muy hogareño, en el que sobre nuestras cabezas flotan lámparas venecianas, mientras nos fundimos hacia el exterior con la terraza.

Nexo de unión entre el edificio de la Avenida da Libertade y la rua da São José —famosísima calle de anticuarios—, esta terraza representa un auténtico oasis urbano organizado a base de un sistema de bancales, donde su primera plataforma se abre al interior del restaurante con unas gigantescas cristaleras. Esta área se distribuye con un sistema de sofás y mesas iluminadas. Más adelante, y ya alternando diferentes alturas, encontramos mesas escondidas entre olivos, para cenas íntimas entre confidencias. De nuevo otra instalación en neón, esta vez en forma de corazón rosa en que la palabra «HEART» parece titubear para mostrarse en ocasiones sólo como «ART», sugiere que nos hallamos en un espacio con un alto componente artístico. El conjunto parece enunciar una invitación, una invitación a dejar por un instante de mirar los edificios de forma plana, o como un mero conjunto. A buscar, más bien, en cada uno de esos huecos que exhiben al exterior, a las personas que los habitan, siquiera de forma momentánea, todas ellas con una historia que contar al mundo y un bagaje de experiencias que permean los lugares que frecuentan.

No sólo estos espacios priman a las personas que los pueblan, también alojan múltiples los elementos creados por diseñadores internacionales de culto que, como pequeñas obras de arte en sí mismas, salpican el hotel, siempre con una perfecta integración con el entorno: los intimistas fieltros separadores Feel-Thru de Toni Calleja del restaurante, conviven con clásicos del diseño francés como la Tolix Chair, o como los enigmáticos sillones Nemo de Fabio Novembre. También tenemos la lámpara de Dear Ingo de Moooi, el Cuore Sacro de la diseñadora portuguesa Tania Da Cruz o la alfombra RESNONVERBA, un diseño propio de la misma Eva Almohacid. El resultado es un espacio contemporáneo, cómodo y urbano.

Un lugar al que viajar, un aliciente para una visita a una ciudad que nos arropará tanto como decidamos permanecer en ella… Lisboa y The Fontecruz Hotel os esperan!!